La sabiduría en la Cábala

La sabiduría en la cábala

Dentro de la cábala (o kabbalah) es importante el intento de definir ciertos conceptos que necesitamos a la hora de explicar asuntos fundamentales. ¿Quién es sabio? ¿Quién es inteligente? ¿Quién ignora? ¿Quién conoce? A partir de las respuestas a estas preguntas podremos saber realmente cómo funciona la cábala a nivel práctico.

La cábala busca la transformación de la persona. Pero, ¿a partir de qué elementos de comprensión podemos transformarnos? Todo proceso de transformación parte de una base.

¿Quién es sabio según la cábala?

Dicen los místicos judíos que es sabio quien aprende de todos. Personalmente agregaría que es sabio quien aprende de todo.

Al sabio siempre le queda algo por aprender. Por ese motivo, todo sabio es humilde, porque es imposible ser sabio y ser soberbio.

El soberbio cree saberlo todo; algo inconcebible para el sabio. El sabio sabe cuánto es lo que no sabe y no se enorgullece de lo que sabe. No posee el tiempo suficiente para ejercer dicho orgullo… Está tan ocupado aprendiendo en forma constante que le es imposible perder el tiempo en temas que no le llevan a ningún sitio.

El sabio sabe que la vida biológica es muy corta y, por ese motivo, intenta aprovechar el tiempo al máximo. El sabio no puede comprender cómo algunos seres humanos “matan el tiempo”; esto es imposible para él.

Todo el tiempo que Dios nos entregó es precioso y debe ser valorado. Cada segundo de nuestra existencia estamos aprendiendo algo, a cada minuto nos damos cuenta de cuánto podemos aprender.

El sabio es siempre un “aprendiz de sabio”, porque el verdadero sabio nunca se considera “sabio”. En general, son otros los que le consideran sabio.

La sabiduría y el mal

El sabio aprende (como decía el Baal Shem Tov) inclusive del mal. Para el sabio el mal es un instrumento de Dios para comprender mejor la realidad. Aunque el mal es doloroso, no debemos mirar el mal en su literalidad, sino en su profundidad.

Los antiguos cabalistas llamaban maamuquim a los que conocían profundamente el mal. Los sabios, en general, llegan a serlo porque conocen el mal y saben cómo funciona.

El sabio siempre siente que es un sujeto nunca terminado de construir y que se encuentra dentro del proceso de construcción personal.

Dicen los antiguos cabalistas que el hombre, cuando se levanta por la mañana, tiene que sentir que ha nacido nuevamente y debe considerar todo lo que ve como visto por primera vez. Ver las cosas por primera vez hace que cada uno de nosotros pueda formular preguntas que nunca antes se había realizado.

La sabiduría está en la pregunta, no en la respuesta

Jojmá es el nombre hebreo para ‘la sabiduría’. El rabino y cabalista Aryeh Kaplan dice que también podemos comprender esta palabra como Koaj Ma (‘la fuerza de la pregunta’).

Es sabio el que hace la pregunta correcta, no el que tiene la respuesta correcta. Porque la respuesta mata el deseo y la pregunta es el deseo latente. La pregunta nos abre al deseo, potencia nuestra búsqueda, nos hace buscar y descubrir el secreto del universo.

En definitiva, sin las preguntas no tenemos herramientas para descubrir el secreto. Y el sabio sabe que la existencia esconde un secreto. El secreto del sabio es saber que nunca se llega, que todo es “camino” y que el camino siempre es de retorno al Ein Sof.

Los honores, el poder y la exterioridad material no son para el sabio, sino para el idólatra.

En una próxima entrega explicaremos brevemente quién es inteligente, cómo funciona la inteligencia y la diferencia con la sabiduría.

Intentemos cada día alcanzar la sabiduría dentro de la sencillez de la existencia. Todo sabio sabe que la sabiduría comienza en las cosas simples, para alcanzar, como la escalera del sueño de Jacob, los niveles más elevados.

Sobre el autor

MARIO SABÁN

MARIO SABÁN

Investigador y profesor de Cábala, especializado en la Cábala aplicada a la psicología, al desarrollo personal y espiritual del ser humano. Enseña cómo la Cábala puede ayudarnos a vivir una vida más plena y consciente, a ser más felices, por el camino del autoconocimiento personal con el método del Árbol de la Vida. Es doctor en Filosofía (2008), en Antropología (2012), en Psicología (2015) y en Historia (2016). Sus últimas obras publicadas están dedicadas a la Cábala: Sod 22: el secreto (2011), Maasé Bereshit. El Misterio de la Creación (2013) y La Cábala. La psicología del misticismo judío (2016).